Fui tu gato – Ana Yanci Morales

Tal vez fui tu almohada, creo que sí, fui tu almohada en otra vida, el blando soporte de tu cabeza cubierta por tu hermosa melena alborotada.. Me gustaba ser el resguardo secreto de tus más íntimos sueños, de tus escondidos anhelos.

Tal vez fui tu taza de café, creo que sí, fui tu taza de café en una vida pasada, la primera superficie donde posabas tus labios tibios y aún adormitados… Me gustaba sentirte apenas rozarme, ansiosa por beber el elixir mágico que contenía en mi interior.

Tal vez fui tu gato, creo que sí, fui tu gato en una vida anterior y me encantaba enrollarme en tu regazo, después de haberle dado tres vueltas a tu cintura… Me gustaba alzar los ojos y ver tu mano descender lentamente para acariciarme y luego cerraba los ojos y lo disfrutaba ronroneándote mi amor de regreso.

Tal vez en esta vida me permitas nuevamente ser… Ser tu almohada, tu taza de café, tu gato…Todo al mismo tiempo!

Ana Yanci Moreles

Hasta que la muerte nos separe – Carolina Escobar Sartí – recitado por Ana Yanci Morales

Sostenida
en el milímetro
de mi misma
sólo prometo
amarte hoy.

Y aunque mi suelo
fuera todo
le niego
la muerte
a tanto amor.

Elijo el «cada día»
en vez del «para siempre»

te ofrezco
el primer abrazo
antes del amanecer
el último beso
antes de dejar
que murás cada noche
y la certeza
de no creerte mío
jamás.

Carolina Escobar Sartí

Recitado por: Ana Yanci Morales

Corazón coraza – Mario Benedetti

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti

Me gusta pensar que voy a verte – Leunam

Me gusta pensar que voy a verte.
No sé en que lugar, ni en que estación o circunstancia.
No sé si hoy, mañana, en unos años o en alguna otra vida.
No sé si siendo niños, jóvenes o ancianos; en forma de personas, de agua y piedra, flor y tierra o lluvia y cielo.
Sólo pensar que voy a verte de algún modo;
en algún tiempo en que nuestros destinos coincidan nuevamente.
Sólo pienso en eso.
Me gusta pensar que voy a verte.
Leunam

Se renta un apartamento – Ana Yanci Morales

Tengo un apartamento en renta;
los muebles están incluidos,
acepto niños y mascotas,
no tengo una lista de exigencias
que debas llenar para poder vivir conmigo
el apartamento está listo,
podes mudarte tan pronto como quieras,
hoy mismo puede ser…

Si quieres puedo mostrarte el apartamento,
es chiquitito
pero creo que es suficiente para los dos…

Hay una sala de estar,
podríamos compartir los ratos libres,
tú leyendo quizás, yo viendo televisión,
o podríamos escuchar tu música favorita
y si el momento lo sugiere
tal vez podríamos bailar
una de esas canciones que tanto me gustan…

Hay una cocina,
tendremos que coordinar tiempos para cocinar
o quizás cocinar el uno para el otro…
Seguro que yo podría cocinar algo que te guste,
o podrías cocinar algo que me guste
y siguiendo con el pretexto comer juntos;
charlar durante la comida, de tu día, de mi día
o del que día nos gustaría compartir…

En el apartamento también hay una terracita
para ver las estrellas en la noche;
claro hay mucho frío y poco espacio,
nada que un abrazo no pueda solucionar;
podríamos subir juntos…

Al final de pasillo hay un armario que improvisé
para guardar las cosas que no quepan en el dormitorio,
álbum de fotos, abrigos de invierno, tiendas de acampar,
o las fotos que tomemos abrigándonos el uno al otro
en las noches que acampemos…

Tengo una gran colección de discos, libros, y películas
para que puedas escuchar, o leer, cuando gustes…

Tengo una guitarra también,
con la que podría escribirte una canción
y cantártela mientras nos cae encima la noche,
o mientras nos sorprende la mañana….

Por el momento sólo hay un dormitorio, lo podemos compartir,
tal vez quepa una cama chiquitita junto a la mía;
aunque honestamente no tengo problema compartiendo mi cama,
creo que dormir
tendría de repente un nuevo y mágico significado si fuera contigo,
aún si sólo fuera dormir junto a ti…

Eso depende de ti…
Al dormir podría abrazarte suavemente
sólo para que no olvides que estoy acá muy cerquita de ti,
o podría abrazarte muy fuertemente
para asustar todas aquellas pesadillas
que quisieran interrumpir tu dulce sueño…

Como puedes ver en este apartamento
encontrarás todo lo que buscas,
desde un libro, una sartén, una cobija, una taza,
hasta un corazón solitario que anhela desesperadamente
dejarlo de ser…

Tu encuentro – Ruben Leo

Ámame antes de soñarte de nuevo,
Quiéreme sin la limitación de la distancia,
Mírame con el sentido de tus manos,
Piénsame con el alma atada a tu recuerdo.
Búscame sin las prisas del tiempo,
Que yo espero la llegada Del latido de tu corazón.

Mátame si esto no es verdad,
Olvídame si te miento,
Rescátame de mi último aliento,
porque nada tendría sentido Sino te hubiera conocido.

Bésame hasta renacer,
Quiéreme como sabes querer,
Píntame en tu sonrisa,
Abrázame en mi desesperación,
Cuélgame en tus historias, en tus prisas
Por que ahora que no estas aquí me doy cuenta cuanta falta me haces.

Bendita tu luz,
que esta búsqueda termina,
El día que nos encontremos los dos.

Ruben Leo

Texto original: http://rubenleorobles.blogspot.fr/2007/07/encuentro-poesia.html

Los formales y el frío – Mario Benedetti

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez

ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes

su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él,
tomaba nota de cómo eran sus ojos,
los de ella, pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias sólo sandalias
por las que asomaban unos dedos
muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas dormían
el sueño que ellos no durmieron

Te Quiero – Luis Cernuda

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

Luis Cernuda

El beso – Manuel Ugarte

A veces nuestros labios, como locas
mariposas de amor, se perseguían;
los tuyos de los míos siempre huían,
y siempre se juntaban nuestras bocas.

Los míos murmuraban: -¡Me provocas!
Los tuyos: -¡Me amedrentas!, respondían;
y aunque siempre a la fuga se atenían,
las veces que fugaron fueron pocas.

Recuerdo que, una tarde, la querella
en el jardín, llevando hasta el exceso,
quisiste huir, mas, por mi buena estrella,
en una rosa el faldellín fue preso,
y que, después, besé, la rosa aquella,
por haberme ayudado a darte un beso.

Manuel Ugarte